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lunes, 3 de enero de 2011

Japón: La Tumba de las Luciérnagas (1988)

La Tumba de las Luciérnagas (Hotaru no Haka, 火垂るの墓) es una película de animación japonesa realizada por el famoso Estudio Ghibli (el mismo de El Viaje de Chihiro y otros grandes éxitos, sí). Existe un análogo con actores reales menos conocida, y ambas películas están basadas en la novela de Akiyuki Nosaka, homónima historia real sobre las penurias de un joven y su hermana pequeña a finales de la Segunda Guerra Mundial en Japón.
La historia transcurre en Hyogo en medio del caos, de la gente que viene y que va, apresurada y asustada. Los aviones pasan y lanzan sus bombas, y los pequeños y apacibles suburbios arden. La gente es obligada a esconderse en los refugios y a abandonar sus posesiones. Como tantos otro, el joven Seita y su hermana pequeña Setsuko tienen que huír. Su madre se ha adelantado y ya los espera en el hospital local. Seita se ha quedado para tomar la fotografía de su padre, un hombre de mar que se fue a la guerra en su barco y desde entonces no han vuelto a saber de él.
Pero cuando llegan al refugio, Seita es informado de que su madre se encuentra malherida. Con horror va a visitarla a la enfermería y la ve envuelta en vendas, inconsciente. Sabedor de que está a las puertas de la muerte, Seita tiene que hacerse el fuerte y le cuenta a su hermana que mamá se pondrá bien, pero que ahora mismo tienen que dejarla descansar.
Finalmente, ambos hermanos se van a vivir temporalmente a casa de una tía. La pobre Setsuko no sabe lo de su madre - su hermano continúa sin decírselo - y llora por las noches pidiendo por ella. Al principio las cosas van bien, Seita encuentra comida en las despensas de las casas calcinadas (encuentra una lata de caramelos redondos y de colores que en Japón se conocen como "gotas de sakuma" y se los da a su hermana). Es algo muy divertido, porque cada vez que Setsuko está triste, su hermano le da un caramelo. Cuando por fin se agotan, rellena la lata con agua y le da el jugo, como si fuera zumo. Esta es una etapa feliz, al margen de la realidad de desolación que azota el país, ya que Seita pasa el día jugando con su hermana en la playa - ambos niños no pueden ir al colegio porque fue destruído. - Pero poco a poco su tía les va haciendo ver que sobran en la casa, ya que no hay comida para todos y ella tiene que alimentar a su hija y a su marido "que sirven a la patria", mientras que Seita y su hermana no hacen nada. De malas maneras les hace ver que ya no les volverá a hacer la comida, que se las apañen solos. Un día Seita y su hermana están tocando el piano y su tía les regaña severamente, diciendo que en tiempos de guerra no tienen vergüenza por estar divirtiéndose. Eso es la gota que colma el vaso, así que Seita se va con su hermana a vivir en un refugio abandonado que hay al lado del río, llevándose con él las pocas cosas que poseen.
Al comienzo todo es diversión, por la noche cazan luciérnagas que iluminan el lugar donde duermen. Setsuko las caza y luego se entristece porque se mueren pronto, así que las entierra en un pequeño montículo sobre la hierba. Poco a poco, las cosas van empeorando cuando se quedan sin comida. Su padre no da noticias y el joven apenas cuenta con dinero para comer, por lo que se ve obligado a robar y un día le pegan una paliza y termina en comisaría.
La antes vital y juguetona Seitsuko tiene erupciones en la piel y cada vez está más menguada y cansada. Desesperado, Seita la lleva al médico y éste le dice que la única forma de salvar a la pequeña es comiendo comida nutritiva.
Cuando Seita va hasta el banco para retirar los ahorros de su madre, se entera de que la guerra ha terminado (Japón ha caído derrotada y ha sido obligada a capitular) y todas las flotas japonesas se han ido a pique. En otras palabras: su padre está muerto. Ya no tienen a nadie con quien contar.
Cuando Seita regresa al refugio ya es demasiado tarde. Su moribunda hermana apenas acepta la comida que éste le da. Por la mañana está muerta.
Seita compra una caja de paja para enterrar a su hermana lo más dignamente que puede. En ella mete también su muñeca preferida y otras cosas. Pero se queda con la lata de caramelos vacía, porque le recuerda a ella. En medio de recuerdos de la niña corriendo y jugando por el campo rodeada de luciérnagas termina la historia.

La Tumba de las Luciérnagas es una dura película para ser de dibujos (otra prueba de que los dibujos no son solo para niños, se puede contar de todo, y esto, viniendo de Japón, debería quedar más que claro a estas alturas). La metáfora del título me parece muy bonita: la vida de las luciérnagas es corta; iluminan brevemente con su hermosa luz, y luego mueren. De la misma forma, la pequeña Setsuko pasó por este muno como una breve luz que se extinguió, dando a la vida de su hermano sentido y un motivo por el que luchar cuando estaba solo. La sencillez con la que trata las pequeñas alegrías de cada día (la comida que desean comer, la alegría que concede el poder tomarse un caramelo) nos hacen darnos cuenta de los lujos que tenemos y a los que no les concedemos importancia. Como siempre, en el horror de una guerra donde se antepone el egoísmo de la patria por encima de las vidas humanas, es una gran lección para comprender el terrible efecto que causa la guerra en un país y en la vida de las personas, especialmente en los niños, quienes se quedan sin oportunidades para crecer y poder desarrollarse en condiciones normales. No sé los demás, pero no hay mayor momento donde dé las gracias por no haber vivido una guerra como cuando veo estas historias.
La película es también una forma de ver de pasada las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial, y de intuir lo que sería la etapa posterior, la posguerra con todas sus miserias. Los tonos ocres y anaranjados que nosa acompañan en todo momento a través de la historia bien pueden ser otra metáfora del color de las luciérnagas y del fuego que todo lo envuelve con el horror de la muerte.
No he leído la obra original de Akiyuki Nosaka, aunque sin duda me gustaría hacerlo. Intuyo que debe tratarse de un desgarrador relato en primera persona sobre los recuerdos de su infancia, al igual que La Cuchara en la Tierra, una novela del coreano Hyun Kyoung que precisamente trataba el lado opuesto: la desolación cometida en su Corea natal por parte de las tropas japonesas. Al final es más de lo mismo: da igual quién sea el malo, los resultados son iguales y siempre le toca sufrir a los inocentes.
Después de los retazos de inocencia aportados por Setsuko, al final no queda esperanza para el protagonista - a quien vemos en un flashback inicial tirado en la calle con la lata de caramelos de su hermana -, y eso es algo muy duro. Yo recomiendo verla, pero advirtiendo de que no es precisamente una película fácil de ver. Sin duda, no dejará a nadie indiferente.

* Idea principal: el horror de una guerra. Los inocentes. La breveda de la vida.

ver también: review de Anchiano.






















































Me ha parecido oportuno incluir también el póster de la versión de la película con actores. Por cierto que la niña que encarna a Setsuko es encantadora.



2 comentarios:

  1. Esta pelicula ya la vi hace tiempo y me encanto. Muy buena recomendación

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  2. Muy triste y preciosa, ¿verdad?

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